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Una actitud mejorable

18 dic 2016
6 min de lectura

Hace poco más de un año, los medios de comunicación abrían sus portadas con una fotografía que estremeció al mundo: Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años, muerto en la orilla de las playas turcas de Bodrum. Esta imagen, convertida en icono mediático, tuvo varias consecuencias. Entre ellas, que la guerra en Siria adquiriera una gran importancia en la agenda mediática y que se hiciese real lo que hoy conocemos como la crisis de los refugiados.


Emigrantes en Miratovac, Serbia. Fuente: diario ABC

Pero no solo eso, esa imagen supuso, como indica Suso López, comunicador audiovisual, en un artículo publicado en la revista Pueblos, ''el brusco despertar de unas redacciones aletargadas que hasta entonces habían obviado, o relegado a un simple breve en medio de la crónica internacional, la crisis de refugiados y refugiadas provocada por una guerra civil en Siria que dura casi cinco años''. Y también que Europa pusiera en marcha medidas para subsanar y gestionar esta situación.


Respecto a esto último, pocos días después de la publicación de dicha foto, la periodista Montse Santolino, reflexionando y haciendo autocrítica, publicaba en La Directa, un artículo en el que reconocía que ''duele ver cómo algunas ONG hace muchos años que avisan que la situación era crítica y que, justo ahora, la máquina política y mediática se ha puesto a funcionar para autolegitimarse. Cumbres, portadas, debates, enviados especiales. De cero a cien en tres días''.


Otra crítica, pero en este caso dirigida a la Unión Europea y sus Estados y a su manera de gestionar esta crisis, escribía Olga Rodríguez en eldiario.es. ''Estamos solo ante el primer capítulo del drama de los refugiados en Europa. Hubo otros capítulos anteriores en Líbano, en Jordania, en Turquía, pero importaron bien poco a nuestros Gobiernos, porque los refugiados seguían estando lejos''.


Es precisamente esta lejanía la que dictaba el tratamiento por parte de los medios de comunicación quienes ''amparados en una postura políticamente incorrecta pero entendible desde el sentido común (es evidente que a todos nos duele más la muerte de un ser cercano que de otro lejano) se justifica una política de medios y a unas narrativas que poco a poco van simplificando al ''otro'': al que esté lejos, al que no entendemos, el que no piensa como nosotros, el que viene a quitarnos el trabajo […]'', como establecía el periodista Felipe G. Gil para el mismo diario en marzo de este año. Es decir, una separación entre «nosotros» y «ellos».


Antes que nada, es necesario diferenciar entre 'refugiados' e 'inmigrantes'. Desde ACNUR identifican a los refugiados con la definición establecida por la Convención de Ginebra de 1951, es decir, como ''persona que se encuentra fuera de su país de origen por tener un temor fundado de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas''. Y el inmigrante económico es la ''persona que abandona normalmente su país de origen de manera voluntaria para establecerse en otro, buscando un empleo o mejores condiciones de vida''.


Refugiados sirios intentan pasar la alambrada que separa Hungría de Serbia. Fuente: eldiario.es

A día de hoy, los medios de comunicación parecen querer redimirse del error cometido durante estos últimos años al no cubrir las informaciones acerca de los refugiados. Sin embargo, la actitud adoptada parece no ser la más recomendable. Pues diferentes instituciones y estudiosos critican, y a la vez lamentan, que los medios hayan optado por centrarse en gran medida en la explotación superficial de acontecimientos concretos (lo que lleva a la exageración y al sensacionalismo) antes que apostar por la explicación mucho más profunda que este fenómeno requiere.


Así, desde Red Acoge, una federación formada por 18 organizaciones entre cuyos objetivos destaca la ayuda a la integración de, entre otros, refugiados en riesgo de exclusión, critican ''el abuso de las historias ''lacrimógenas'', la sobreexposición de noticias dramáticas y el uso de imágenes de niños y niñas para enfatizar la crudeza de los hechos''.


Por su parte, la Red de Periodismo Ético, a través de su informe ''Historias en movimiento'', denuncia errores muy importantes cometidos por los medios de comunicación a la hora de cubrir las informaciones sobre ''la crisis de las personas refugiadas: […] difundir ampliamente el discurso contra la inmigración de líderes políticos de Estados Unidos y Europa, no proporcionar datos fiables y precisos sobre la crisis de los refugiados, y dejarse llevar por la exageración y el sensacionalismo''.


Y Vicent Martínez Guzmán, Director Honorífico de la Cátedra UNESCO de Filosofía para la Paz, quien lamenta que un sector de los medios, ''en los momentos de impacto emocionales'', se centran más en ''ese impacto mediático que en las causas profundas'', pero después ''desaparece ese impacto mediático y la opinión pública se enfría porque los propios medios de comunicación se enfrían''.


Ante esta situación, es necesario que los medios de comunicación cambien la forma de tratar este tipo de temas. Es bien conocido que los medios tienen una gran capacidad para influenciar a la opinión pública acerca de los diversos ámbitos que traten. Con el tratamiento que llevan a cabo sobre la crisis de refugiados y refugiadas puede provocar que la imagen que las personas tengan de ellos sea negativa.


Por ello, desde Red Acoge recomiendan ''contextualizar la información y buscar la raíz del fenómeno'', esto es, profundizar en las informaciones lo máximo posible y así poder ofrecer ''explicaciones para que la gente pueda entender el fenómeno […] evitando centrarse exclusivamente en el acontecimiento''. Y ello solo se puede conseguir mediante la articulación ''de un periodismo de largo recorrido que'', como dice Suso López, ''se acerque, analice y explique los conflictos que provocan el desplazamiento de personas entre territorios y que sea capaz de ir más allá de aquellas situaciones que se suceden a las puertas de Europa''.


Sirios cerca de Turquía. Fuente: eldiario.es

Esta actitud es exactamente la que recomienda el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales en su manual del Proyecto Promo Equality. En él, establece que los medios de comunicación deben asumir el papel de ''instituciones socializadoras y dentro de esta perspectiva buscar el objetivo de cohesionar la sociedad: asociar la inmigración con lo positivo''. Pero no solo eso, sino también ''enfocar la inmigración como tema, no como problema'' y presentarla ''de la manera más natural y cotidiana posible, huyendo de su espectacularización''.


Además de esto, anteriormente se ha indicado que una de las malas praxis que cometen los medios cuando informan sobre la crisis de los refugiados es que se basan fundamentalmente en la utilización y, por ende, difusión de los discursos oficiales de los líderes políticos tanto de Estados Unidos como de Europa.


Pues bien, el manual antes citado hace un fuerte hincapié en el contraste y la consulta del mayor número de fuentes posible para así asegurar la oferta de una gran cantidad de opiniones, tanto procedentes de los líderes políticos como de organizaciones y ONG y los propios refugiados.


Por su parte, la periodista Alessia Masigalia, desde el medio en Positivo, ve necesario que los medios critiquen las malas actuaciones del poder y, por ello, destaca que algunos periódicos italianos como ''el Corriere della Sera, La Repubblica y La Stampa han empezado a disipar los estereotipos utilizados por parte de la política del miedo y el odio''. De hecho, defiende que ''las buenas prácticas incitan el cambio, mientras que las restricciones y amenazas mantienen vivo el miedo a los que lleguen y los que dan la bienvenida''. Y cierra su artículo con una reflexión y, a la vez, una recomendación: ''aprendamos de los errores del pasado''.


De estos mismos errores hablaba el periodista de la Cadena Ser, Nicolás Castellano, en 2014. ''Debemos buscar los nombres de las personas que mueren en el Mediterráneo, seguir las historias''. Y se lamentaba al reconocer que ''durante 20 años […] los medios no han experimentado mejoras y siguen cometiendo los mismos errores a nivel general''. A pesar de todo, se mostraba optimista ante ''una generación de periodistas jóvenes interesados'' en estos temas ''que quieren hacer bien las cosas''.


Una forma correcta de desempeñar el trabajo periodístico que, según Vicent Martínez Guzmán, pase por el uso de análisis de fondo y de grandes ''titulares que puedan entrar por la retina a las personas o por el oído en una radio''. ''Si van haciendo ese proceso educativo comunicacional, yo creo que en ese sentido sí que podemos trabajar juntos los medios de comunicación y estudios académicos, ONG y gobiernos''.






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