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Los monstruos de los medios

17 dic 2016
4 min de lectura

Según un estudio realizado por la Fundación Casey Family los niños de entre ocho y dieciocho años pasan una media de cuatro horas frente al televisor. El poder de la imagen sin duda es impresionante, pero también aterrador. Estamos expuestos a un bombardeo constante por parte de los medios de mensajes e imágenes. Por una parte estamos posiblemente en un punto donde la sociedad se entera de cualquier cosa que ocurre en cuestión de segundos, y esto no solo se debe a los medios sino también a la inmediatez que han impuesto las redes sociales, Twitter, Facebook, Instagram o Snapchat son algunos ejemplos. El analista comunicativo Tomi Ahonen afirma que una persona mira de media su Smartphone 150 veces al día. Si este dato lo sumamos al aportado por la fundación Casey Family estamos informándonos y recibiendo imágenes todo el día.


Pero, todo tiene su doble filo, estamos en una sociedad sobre-comunicada, y nos envían constantemente cánones tanto físicos como de conducta. Cómo debes comportarte ante ciertas situaciones o ante ciertas personas. Cómo debes vestir, o lo más preocupante cómo debes ser físicamente.


Les pido un pequeño ejercicio memorístico, piensen en un anuncio cuyo producto sea una colonia, ropa interior o maquillaje. ¿Lo tienen? Así a bote pronto de ropa interior a mí se me viene a la cabeza el de Calvin Klein protagonizado por Justin Bieber o el de Intimissimi por Irina Shayk.


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Por norma general los modelos que emplean las marcas de estos productos suelen tener una constitución y una belleza física rozando la perfección. Y, ¿por qué utilizan las empresas publicitarias a estos modelos? Porque son de los más seguidos por las redes sociales, los datos lo afirman. Justin Bieber, 90.400.000 en Twitter y hasta que cerró su cuenta en Instagram 78 millones de seguidores. Irina Shayk, 711.000 en Twitter y 7.100.000 en Instagram. Son referentes, personas influyentes en la sociedad, y las empresas publicitarias y medios de comunicación se aprovechan de ello para, promocionar sus productos o bien para subir sus cuotas de share.


Idealizamos a este tipo de modelos y queremos parecernos a ellos. Tanto en su manera de ser, de vestir, en su cuerpo… por ello, intentamos cambiar. Hay un gran número de personas que realizan ejercicio y dietas, no con la intención de tener una vida más saludable, sino de asemejarse a esos cuerpos perfectos que nos transmiten todos estos canales.


Se ha instalado el concepto de “el buen cuerpo”. Se trata de un valor al que se puede y se debe aspirar, provocando que uno se sienta mejor consigo mismo, más sano, más atractivo y que abrirá las puertas del éxito y el prestigio. Al auge de este concepto han contribuido de manera decisiva los medios de comunicación, internet y las redes sociales. Nos encontramos en pleno apogeo de la cultura del consumo, y lo más grave es que ahora se trafica con la corporeidad, modificando así la experiencia que el individuo pueda tener de su propio cuerpo, generando en éste reacciones emocionales de incertidumbre y angustia que le inducen a comportamientos consumistas en busca de un ideal simbolizado a través de mujeres anoréxicas, estilizadas, sensuales y eróticas; y en hombres sofisticados, de cuerpos cuidados, esculpidos, viriles y musculosos (Goffmann, 1979; Falk, 1994).


En los varones, el estereotipo transmitido por los medios de comunicación ejerce una mayor presión hacia un ejercicio físico. Se transmite una imagen de fuerza y de potencia, se busca el mesomorfo, el cuerpo perfecto, hombros anchos, caderas estrechas, tronco fuerte y musculado. En el género femenino se refleja más una actividad física dirigida a la consecución de una imagen corporal delgada y definida. Se trata de una imagen ectomórfica; un cuerpo delgado y estilizado.

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Pero la mayoría no logran estos cánones físicos establecidos como perfectos. En el caso de que se intente y no se logre la persona puede caer en depresión. Además en diversas ocasiones se lleva tanto al extremo el querer alcanzar estos cuerpos idealizados que se llega a la anorexia o en la vigorexia.


Para contrarrestar este afluencia de mensajes del culto al cuerpo han surgido diversas reivindicaciones que tienen como objetivo quererse uno tal como es. Por ejemplo la campaña del portal web Buzzfeed donde 6 hombres recreaban de forma irónica algunas imágenes de las campañas de Calvin Klein.


El movimiento mujeres reales en la publicidad que se inició vía Change.org y marcas como Lane Bryant, una firma de lencería plus size, lanzó la campaña I’m not an Angel que reivindica las curvas y critica los pases de modelos de Victoria’s Secret.

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Los llamados fofisanos o gordibuenas, cada vez son más frecuentes en series y películas y no siguen esas figuras idealizadas que nos vende la publicidad. Actores como Jason Segel o Jonah Hill o actrices como Demi Lovato o Beyoncé.


Por tanto, se deben evitar estos cánones que nos venden los medios, no se debe buscar una aceptación social, se debe buscar la auto-aceptación. El gustarse y aceptarse como es uno, y potenciarlo. Está claro que no está mal cuidarse, pero sin llevarlo al extremo. Porque en la variedad está la riqueza, y mientras uno esté conforme como es, lo demás da igual. Como diría un famoso cantante de Úbeda, ¿si el mundo fuese ciego a cuánta gente enamorarías?



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