Soy médico y negra. ¿Y qué?

Querido diario: soy yo, Tamika Cross. Hace mucho que no te escribía pero hace unas semanas me pasó algo que nunca creí que fuera a sucederme a mí.
El nueve de octubre volvía de una boda en Detroit (Minnessota).Cogí un avión de la compañía aérea Delta Airlines.
Hasta aquí todo normal, ¿no? Bien, pues resulta que en pleno vuelo uno de los pasajeros empezó a sentirse realmente mal.
La mujer de este hombre gritaba desesperadamente pidiendo ayuda, y una de las azafatas preguntó aquella mítica frase en las películas: "¿Hay algún médico a bordo?"
Yo, como residente de cuarto año de obstetricia y ginecología en la Universidad de Houston (Texas), no pude evitarlo. Me puse en modo médico instantáneamente y levanté mi mano para ofrecer mi ayuda.
Entonces, una de las azafatas me dijo:

Recuerdo que lo primero que pensé fue ¿pero qué dice? e intenté explicarle que era médico, que podía ayudar. Pero no me dejó ni terminar de hablar. Volvieron a pedir un médico por los altavoces del avión y volví a levantar la mano.
Lo que me dijo la azafata después de acercarse a mí por segunda vez me dejó atónita:
“ "Oh vaya, pero, ¿es usted médico de verdad? Déjeme ver sus credenciales ¿Qué clase de médico es usted? ¿Dónde trabaja? ¿Por qué estaba en Detroit?" ”
Contesté con toda la prisa que pude sin poder entender por qué no me dejaba atender a aquel hombre. respondí que OBGYN (siglas para referirse a obstetricia y ginecología), que trabajaba en Houston y que estaba en Detroit por una boda. En ese momento, un hombre blanco se acercó a la asistente de vuelo que me estaba prácticamente interrogando y dijo que él era médico también.
La azafata se volvió hacia mí y concluyó sus preguntas con un:
“ "Gracias por ofrecerse, pero
ya nos puede ayudar él" ”
Esto pasó de castaño a oscuro. Y aquí lo entendí. A él no le ha hecho falta enseñarle nada a la asistente, porque él, encajaba en la percepción clásica del aspecto físico que tenía que tener un médico. En los años 50.
Aunque me hervía la sangre y estaba alucinando con la situación seguí preocupándome por el hombre enfermo. Parecía estar mejor. Contestaba a las preguntas del otro doctor. Aunque para aquella mujer, él era más médico que yo, acabó volviendo a mi asiento diez minutos después para preguntarme cómo debía tratar la presión baja del pasajero. Atónita, le dije cómo y el pasajero acabó volviendo en sí.
Y aquí lo noté: no me habían creído por la edad, por el género o por mi color de piel. Da lo mismo. Esto no quedó aquí. No pensaba quedarme de brazos cruzados mientras pisoteaban la igualdad así delante de mis ojos.
Puse un post en Facebook que comentaron más de 12.000 veces y que se trasladó a Twitter con los hastags #TamikaCross, #WeDoExist y #WhatADoctorLooksLike.
El post recibió respuesta de médicos de distintos países como el de estas mujeres:



Gracias compañeras.
El problema aquí no es que esto le haya pasado a Tamika. Bueno, no es un problema para los demás. Y mucho menos es de repente. No es como la película Mississippi en llamas, ni nada así, pero está por todas partes.
Es como cuando no creen que seas médico. O ir en avión con un billete de primera clase y que te digan que la clase turista no embarca todavía. Esto es más bien como un leve murmullo de fondo: a veces no se nota, otras veces es muy fuerte y molesto.
Y, algunas veces, puede ser peligroso. Otras, simplemente es ridículo.
Muchos se preguntan ¿Y si yo también lo hago y no me doy cuenta? Bueno, la respuesta es muy simple: Date cuenta. Porque no importa tu sexo, ni siquiera el color de tu piel. Importa quién eres y quién quieres llegar a ser. No hagas sentir a nadie que no es capaz. No le infravalores, ni le menosprecies y trátale como a un igual. Al fin y al cabo, eso es lo que es.



























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