El naufragio de Europa
La solución que nunca llega a los que huyen de la pobreza
Mucho tiempo ha pasado desde que Europa se puso a trabajar para reportar soluciones a la oleada de inmigrantes que buscan vidas en paz. La guerra, la miseria y el hambre se apoderan de los inocentes, que ven en Europa un “paraíso” en el que vivir una vida medianamente en condiciones, se convierte en algo utópico. Europa tiene un problema y la solución no la encontramos por ningún sitio.
Todos tenemos en nuestra retina las duras imágenes de la Isla griega de Lesbos, de familias que solo llevan lo puesto. Día sí y día también nos encontramos con las fronteras de Europa repletas de gente que deambula sin saber a dónde ir, sin saber qué hacer, como consecuencia de las inmensas aglomeraciones de miles y miles de refugiados, que llegan del país sirio huyendo de la guerra, el horror y el hambre.
La desgracia de estas pobres personas tiene un precio. Las deportaciones se han convertido en un tema habitual ordenado por las autoridades europeas, que han encontrado con la aliada Turquía, recibirlos a cambio de millones y acelerar su entrada en la Unión Europea.
¿Qué pensarán los sirios de nosotros cuando pasen los años? ¿Y sus sentimientos hacia los europeos? ¿Pensarán que los europeos no los quieren o que las políticas de los gobiernos nos impiden a muchos recibirlos en nuestra sociedad?
Pero tampoco podemos olvidar las barcazas que llegan repletas de africanos a las costas italianas y las costas españolas. El problema de la migración en masa es imparable y Europa tiene muchas dudas para responder cómo hacer frente a un problema social convertido en una losa para Bruselas.
Lejos de aparentar ser un continente moderno, acogedor de culturas y donde todos tienen cabida, Europa hace aguas en materia de inmigración. Los españoles pronto hemos olvidado aquellos años en los que muchos tuvieron que emigrar a Europa o a América del Sur, huyendo de la dura persecución política del franquismo, para poder encontrar un trabajo y una vida fuera de una España pobre, aislada internacionalmente, donde no llegaba la ayuda.
Los refugiados de hoy son los mismos inmigrantes forzosos, aquellos españoles que tuvieron que buscar un nuevo lugar ajenos a su voluntad. España, cogida de la mano de Europa, no tiene futuro sin acoger a parte de esta población, que serviría para atajar el problema demográfico que en pocos años tendrá un censo envejecido. Los ciudadanos no somos tontos, sus pobladores sí percibimos que España se baja los pantalones con Europa y Europa naufraga sin solución a la inmigración.



























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